Artículo por William P. Smith de la RVR 1960 Biblia de estudio Consejería para la vida.
Todos luchamos contra el temor. Los temores individuales surgen de tu personalidad única y de tus experiencias de vida. Otros miedos, como la muerte, son más universales. Esos temores nos afectan de alguna manera a todos como parte de la experiencia humana de vivir en un mundo corrompido. El miedo es saludable cuando te hace evitar peligros innecesarios. Por tanto, conocer tales peligros puede dar lugar a un temor saludable. Pero un miedo desenfrenado puede absorber tu atención de forma excesiva y acabar controlando tu vida. Dios nunca quiso que fueras prisionero del miedo, y la fe en Su amor puede liberarte de él. Por desgracia, muchos de nosotros hemos intentado enfrentarnos a nuestros temores de formas que no han funcionado e incluso, que los han empeorado.
Algunas formas inadecuadas de manejar el temor
Una forma popular de enfrentarse al miedo es esconderse detrás de una barrera. Contratamos agencias de seguridad; vigilamos nuestras fronteras; compramos filtros de software, etc. Por desgracia, las barreras nunca tienen eficacia absoluta. En un mundo aterrador donde vive gente malvada, nunca basta con tratar simplemente de aislarse del peligro. Otro enfoque consiste en prepararse para tantas eventualidades como sea posible, quizá almacenando alimentos, agua, combustible, equipo para acampar, baterías, armas, etc. Pero después del efecto 2000, aún vino el 11-S. Por desgracia, la preparación no tiene un límite objetivo. ¿Cuánto es suficiente? ¿Puede ser demasiado? ¿Cuándo pasamos de la prudencia a la paranoia? Un tercer enfoque es confiar en que la información nos rescate, y depender de Google, YouTube o un amigo brillante. Pero, insisto, ¿la información es siempre suficiente? El mercado bursátil podría desplomarse drásticamente en unas pocas horas y prácticamente acabar con tu pensión de jubilación, aunque la hayas comprobado esa misma mañana. Si tu solución ante el peligro es estar informado, pasarás todo el tiempo que estés despierto preguntándote si tienes suficiente información. Hay algo peor que la ineficacia de estas estrategias: el problema es que debilitan gradualmente tu relación con Dios. ¿Dónde encaja Él en un mundo en el que crees que puedes protegerte solo con ser diligente o cuidadoso? No acudirás a Él por sabiduría; ya tienes información. No orarás por Su provisión; tienes cajas de comida enlatada y agua en botella. No buscarás Su misericordia; verás el canal meteorológico. Solo recurrirás a Él cuando fallen otras alternativas. Pero la confianza depende de la relación, y estás demasiado ocupado protegiéndote como para construir una relación con Él. Te convertirás en un ateo funcional en la práctica, que confía más en su plan de jubilación que en el Dios que promete el pan de cada día.
La fe real afecta tus estrategias
Debes volver a aprender que ninguna estrategia humana es eficaz a menos que Dios sea tu refugio. Él comienza muchas veces las conversaciones bíblicas con palabras como «no temas o no tengas miedo» (Gn. 15:1; 2 R. 19:6; Is. 35:3-4; Hag. 2:5; Ap. 1:17) o «esfuérzate y sé valiente» (Dt. 31:6-7; Jos. 1:6-7; 1 Cr. 28:20; Sal. 27:14; 1 Co. 16:13; 2 Ti. 2:1). Dios lo dice para dar ánimo y valor a las personas debilitadas por sus temores. Él no solo reconoce que las personas con temor necesitan cuidados especiales (1 Ts. 5:14; 1 P. 3:14), sino que también se asegura de dárselos antes que nadie. Cuando tienes miedo, hay un lugar especial en Su corazón para ti. Él no amenaza ni intimida (1 R. 19:11-13). Él va hacia ti, anhelando reducir tu temor (1 Jn. 4:16-18), y te invita a ir a Él con el mismo propósito. «Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado» (Pr. 18:10).
Cuando encuentras tu mayor seguridad en tu relación con el Señor, eres libre de vivir sin que el miedo te controle. A veces eso significará huir del peligro con lucidez (Lc. 4:28-30; Hch. 9:23-25; 12:5-11). Otras veces puede que te sorprendas avanzando hacia el peligro porque estás convencido de que es ahí donde Dios te quiere. Quizá los demás piensen que eres tonto, pero sabrás que no hay lugar más seguro en la tierra que donde te lleve el llamado de Dios.
¿Entiendes la decisión de confiar en Dios que expresa Pablo en Hch. 21:10-13? Si tu meta en la vida es vivir lo más seguro posible, no la entenderás. No te parecerá razonable arriesgarte a causa de lo que Dios está haciendo en este mundo. En cambio, reducirás Su reino al tamaño que tus temores encuentren cómodo. Pablo comprendió que, aunque los peligros y las amenazas son reales, el triunfo final del reino de Cristo es aún más real. Como antes había dicho Jesús: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Jn. 16:33). Jesús sabía que se puede tener tanto paz como valentía al afrontar amenazas reales.
Cuando Jesús supo que ya era la hora establecida para Él por Su Padre, marchó decidido a Jerusalén, sabiendo lo que allí le esperaba. Al hacerlo, puso en práctica 1 P. 4:19: «De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien». Gracias a Dios, Jesús permaneció concentrado en el Padre y en las personas. Gracias a que Jesús no vivió preso del temor, podemos vislumbrar cómo es Dios a través de Su vida. Es más, con Su muerte, Jesús nos liberó de lo que debería aterrorizarnos a todos: el pecado, la muerte y estar apartados de Dios para siempre. Porque Él pagó el precio de nuestro pecado, quitó lo único que podía separarnos de Dios y de Su poder en nuestras vidas para superar nuestros temores. Ahora eres libre de abrazar el mismo llamado de vida que llenó el corazón de Jesús: amar a Dios y a los portadores de Su imagen, entregándose sin ninguna reserva. Es un llamado maravilloso, pero se marchita cuando se vive con miedo. Afortunadamente, al igual que los temerosos discípulos, tú también puedes cobrar ánimo y aliento. Tu Rey ya se enfrentó al peligro y entregó voluntariamente Su vida para rescatarte de tus temores, tanto los legítimos como los que no lo son.
Recuérdate que Dios dirige Su mundo.
El antídoto definitivo contra el miedo es darse cuenta de que Dios gobierna el mundo. Tendrás que esforzarte más para recordar esa realidad porque vives en un mundo que no escatima esfuerzos para llamar tu atención sobre sus numerosos peligros. En primer lugar, haz una lista de todos los pasajes bíblicos que puedas recordar o encontrar que pongan el foco en cómo Dios interviene para bien en este mundo en general y en tu vida en particular. Recuérdate que tu vida no terminará ni un día antes de tiempo, porque cada uno de tus días ya estaba escrito (Sal. 139:16). Recuérdate que Aquel que mantiene un registro activo de los folículos de tus cabellos está profundamente interesado en las áreas más importantes de tu vida (Lc. 12:7). En segundo lugar, canciones como This Is My Father’s World [«El mundo es de mi Dios»] son una excelente forma de restablecer el equilibrio en nuestras vidas cuando el miedo parece insuperable. ¿Hay otras que pueden hablarte de la bondad extraordinaria de Dios cuando te enfrentas a peligros, como It Is Well [«Estoy bien con mi Dios»] o Blessed Be Your Name [«Te bendeciré»]? Cántalas y que sus verdades renueven tu tambaleante confianza. En tercer lugar, los credos y las preguntas y respuestas cristianas pueden funcionar como recordatorios breves pero potentes de la soberanía de Dios, y podrás repasarlos rápidamente cuando te enfrentes a un peligro. Por ejemplo, la respuesta a la primera pregunta del Catecismo de Heidelberg, «¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?» es: «Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo, […] y me guarda de tal manera que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un solo cabello de mi cabeza puede caer; antes, es necesario que todas las cosas sirvan para mi salvación. Por eso también me asegura, por Su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante según Su santa voluntad». En Asia, el apóstol Pablo y sus amigos se enfrentaron a algo tan abrumador que estaban convencidos de que iban a morir. La respuesta de Pablo fue que esto sucedió «para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos» (2 Co. 1:8-9). Esos eventos aterradores tuvieron lugar por una razón. No dice que confió en Dios para que evitara su muerte. Más bien, aumentó su total confianza en un Dios que trae a las personas de vuelta a la vida después de haber muerto.
Piensa con claridad y avanza
Aquí tienes algunas preguntas que te ayudarán a resolver tus temores y a apuntar hacia tu próximo paso.
1. En esta situación de miedo que enfrentas, ¿qué temes que pueda ocurrir?
2. Si realmente ocurriera, ¿qué cosa valiosa para ti podrías perder: salud, posesiones, relaciones, sensación de seguridad, reputación, tranquilidad, tiempo, éxito?
3. Las cosas de la pregunta 2 son todas buenas e importantes, pero pregúntate: «¿Es posible que alguna de ellas se haya vuelto demasiado valiosa para mí?».
Si valoras algo más que a Dios y Su presencia, sentirás miedo cada vez que ese algo esté en peligro. Jesús dice que si amas alguna cosa o persona más que a Él te haces indigno de Él (Mt. 10:37-39). Además, eso te mantiene encerrado en un mundo de temor.
Artículo por William P. Smith de la RVR 1960 Biblia de estudio Consejería para la vida.
Adaptado de «Living in a Dangerous World: Moving from Fear to Faith» [«Vivir en un mundo peligroso: Pasar del temor a la fe»], por William P. Smith (Greensboro, NC: New Growth Press, 2011).
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