Oseas

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Oseas dirigió su mensaje a la nación de Israel en un tiempo de grandes luchas internas entre aquellos que adoraban a Dios y aquellos que estaban a favor de rendir culto a otros dioses, además del Dios de Israel. Escribió gran parte de su mensaje en lenguaje poético de gran fuerza expresiva, aunque por momentos, oscuro, cargado de metáforas algo bruscas y extrañas.


Oseas, como el resto de los profetas, tenía un mensaje que transmitir acerca del plan de Dios para todos los tiempos. Aun cuando los profetas hablaban sobre su propio tiempo y su gente, las profecías estaban referidas a la realidad espiritual de Dios y de Su reino. Esta misión de ser voceros de Dios, en medio de los problemas cotidianos de hombres y mujeres de su tiempo, requería una oratoria capaz de cautivar la atención de un pueblo que se había vuelto autocomplaciente.

CONTEXTO HISTÓRICO DE OSEAS

Oseas mencionó cuatro reyes de Judá y un rey de Israel que gobernaron durante su ministerio (1:1), pero omitió otros reyes, probablemente porque no consideró legítimo su reinado (comp. 8:4). La amenaza del Imperio asirio generaba un clima de gran inestabilidad y violencia en ese tiempo. Surgieron en Israel grupos a favor y en contra de Asiria, y el rey, con frecuencia, buscaba el apoyo de Egipto o de otras naciones. De los seis reyes que sucedieron a Jeroboam II, solo a uno de ellos lo sucedió su hijo; cuatro fueron asesinados, y uno fue tomado prisionero por los asirios (2 R. 15:8-31; 17:1-6).


Judá también vivía tiempos de gran agitación social. El rey Acaz se negó a ayudar a Peka, rey de Israel, después que este asesinara al previo rey de Israel y se rebelara contra la autoridad de Asiria. Siria se alió con Israel, pero como Acaz rehusó unirse a ellos, ambos reinos atacaron a Judá (2 R. 16:5-6). Es posible que el pasaje de Os. 5:8-15 esté enmarcado en esta guerra siro-efraimita. Acaz solicitó la ayuda de Tiglat-pileser III, rey de Asiria, quien posteriormente conquistó Damasco y grandes extensiones territoriales de Israel (2 R. 16:7-9). Según una fuente asiria, él consagró a Oseas (no debe confundírselo con el profeta del mismo nombre) como nuevo rey de Israel.

La caída de Israel, el reino del norte, fue consecuencia de la decisión del rey Oseas de rebelarse contra Asiria y buscar el apoyo de Egipto. El nuevo monarca asirio, Salmanasar V, invadió Israel, tomó prisionero al rey Oseas y sitió Samaria. Al cabo de tres años, la ciudad cayó (722 a. C.). En ese momento, las diez tribus del norte fueron llevadas en cautiverio a diferentes lugares del Imperio asirio, tal como lo había predicho el profeta Oseas (comp. 9:3; 11:5). Al tomar este dato como referencia, podemos ubicar, sin temor a equivocarnos, el ministerio de Oseas entre los años 755 y 722 a. C.

SIGNIFICADO DEL MENSAJE DE OSEAS

Oseas afirmó que el mensaje que él transmitía era «Palabra de Jehová» (1:1). El llamado de Dios se manifestó mediante la orden de tomar por esposa a una mujer infiel; de ese modo, la experiencia familiar del profeta llegó a ejemplificar la relación de Dios con Israel. Igual que Amós, su predecesor, Oseas predicó a todo el pueblo de Dios, tanto a Israel como a Judá, aunque enfatizó la inminencia del castigo contra las tribus del norte, es decir, Israel.


Oseas escribió un mensaje de tono fuertemente emotivo y mostró a un Dios atormentado, por decirlo así, por las consecuencias del castigo que recibiría Su amado pueblo Israel. El profeta se valió de este recurso literario para que el mensaje de amor eterno de Dios quedara firmemente grabado en el corazón del pueblo. 


Después de la salida de Egipto, el Señor había establecido una alianza con Israel. El mensaje de Oseas a toda la nación fue que no solo habían roto el pacto, sino que también habían roto el corazón de su Señor. Dios los había amado desde el principio, los amaba en el presente y los amaría por siempre, pero Israel había despreciado ese amor como una mujer adúltera desprecia el amor de su esposo. Al ir tras dioses falsos, habían aceptado participar en todo tipo de ceremonias paganas entregándose a la bebida y al libertinaje sexual. En el ámbito político, recurrían a la violencia y confiaban en naciones extranjeras para resolver sus problemas.


Oseas predicó un amor duro; Dios debía castigar la conducta reprochable de Israel. Por lo tanto, los asirios destruirían esa nación y llevarían cautivo al pueblo, y esa experiencia nefasta pondría en marcha un proceso de purificación que llevaría a la restauración. El amor de Dios manifestado en la alianza no es como el de Israel, que vacila y se desvanece rápidamente; el amor del Señor permanece para siempre. Llegará el día en que aquellos que dejaron de ser pueblo de Dios nuevamente serán llamados «pueblo mío», y una vez más ellos le dirán al Señor: «Dios mío» (2:23).


El libro de Oseas nos ayuda a descubrir aspectos importantes de la naturaleza de Dios: es soberano y es el Señor de la historia, y tiene pleno derecho de castigar a Su pueblo, pero solo ejerce ese derecho después de haber tolerado su comportamiento con gran paciencia y misericordia. Finalmente, el pecado exige una intervención drástica, pero aun así, el Señor cumplirá Sus planes de darle un futuro a Su pueblo.


El Señor exige que Su pueblo le rinda culto solo a Él y que se traten justamente unos a otros. Oseas nos enseña qué significa «Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas» (Dt. 6:5), y también «… amarás a tu prójimo como a ti mismo…» (Lv. 19:18). El mensaje que nos llega a través de Oseas, que Dios ama a Su pueblo aun cuando debe corregirlo, es un mensaje que necesitan escuchar aquellos pueblos que ignoran a su Creador y tratan a los demás seres humanos como meros objetos que les impiden satisfacer sus deseos personales.