NEHEMÍAS

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El libro de Nehemías es la segunda parte de la continuación de los libros de Crónicas (la primera parte la constituye el libro de Esdras). Nehemías abarca el período comprendido entre el 445 a. C. y poco después del 433 a. C., y narra el esfuerzo constante del pueblo judío para establecerse nuevamente en su tierra después de 70 años de cautividad en territorios del Imperio babilónico. El personaje principal de la historia es Nehemías, un judío que había llegado a ser copero del rey Artajerjes, un cargo de confianza en la corte de Persia.

 

Nehemías fue el último de una serie de líderes del pueblo judío cuyos nombres están en la Biblia porque contribuyeron a que el pueblo lograra estabilidad y una vida fructífera en la provincia persa llamada Yehud, o Judá. Nehemías siguió a Sesbasar (que lideró el primer grupo de repatriados), a Zorobabel (que dirigió el proyecto de reconstrucción del templo) y a Esdras, sacerdote y escriba (que lideró la renovación espiritual del pueblo). El principal aporte de Nehemías a la comunidad que resurgía fue la reconstrucción del muro de Jerusalén, destruido por los babilonios en el 586 a. C. El Eclesiástico (o Ben Sirá), un libro apócrifo, elogia a Nehemías por haber cumplido con éxito su cometido (49:13).

 

Los eruditos bíblicos no logran llegar a un acuerdo respecto de la fecha de la actividad de Nehemías. Algunos sugieren que la creciente agitación en Egipto a fi nales del siglo v a. C. motivó a los persas a fortalecer a Judá, una provincia tipo «tapón», por razones de seguridad. El tema se complica, pues Nehemías dice que su autorización para regresar a Judá se debe al rey persa Artajerjes, pero durante aquel período hubo dos reyes con ese nombre: Artajerjes I (464–424 a. C.) y Artajerjes II (404–359 a. C.). Al vincular a Nehemías con estos dos reyes, surgen dos fechas bien diferenciadas para el comienzo de su misión: el año 445 a. C. o bien, el 385 a. C.

 

Aunque es posible argumentar con fundamento a favor de cualquiera de las dos fechas, la mayoría de los eruditos prefiere la más temprana. Esta preferencia se basa en una serie de razones: en primer lugar, una carta de la colonia judía en Elefantina, Egipto, fechada alrededor del 407 a. C., revela que Judá tenía otro gobernador, llamado Bagoas, a finales del siglo v a. C. Este dato inclina la balanza a favor de una fecha temprana para el período de gobernación de Nehemías. Segundo, el texto bíblico de Nehemías muestra a este y a Esdras juntos en dos ocasiones: durante la renovación del pacto (8:9) y la dedicación del muro (12:36). Por consiguiente, si se acepta la fecha tardía para la misión de Nehemías, también debe aceptarse una fecha tardía para la misión de Esdras; de lo contrario, habría que rechazar la veracidad de los pasajes bíblicos.

LA CREDIBILIDAD DEL LIBRO DE NEHEMÍAS

Como ocurre con el libro de Esdras, Nehemías está compuesto por diversos documentos originales. La fuente principal son las llamadas Memorias de Nehemías, atribuidas a su propia pluma. Se desconoce la extensión exacta del texto de las memorias, pero decididamente incluyen los pasajes autobiográficos (1:1–7:73; 12:27-43; 13:4-31). Otra sección importante corresponde a las Memorias de Esdras (cap. 8 y, probablemente, caps. 9–10); están escritas en tercera persona y mencionan a Esdras repetidas veces (8:1-2,4-6,9,13). Entre las listas incluidas, se hallan: (1) una de los habitantes de Jerusalén (11:3-24); (2) una de las aldeas y campos ocupados por integrantes de las tribus de Judá y Benjamín (11:25-36) y (3) una con los nombres de los sacerdotes y los levitas (12:1-26).


Aunque este libro se puede leer independientemente del de Esdras, es probable que no fuera ese el propósito inicial, habida cuenta de que Nehemías constituye parte esencial del mensaje dado a conocer en Esdras.

Muchos consideran los textos históricos del A. T. como obras de ficción cuyo objetivo es transmitir determinados valores o enseñanzas. Pero para adoptar esta postura, es preciso pasar por alto numerosas pruebas de narración histórica. En el libro de Nehemías, se evidencian recursos propios de la narración histórica, tales como (1) fechar los acontecimientos (por ej., «en el mes de Quisleu, en el año veinte», es decir, en noviembre–diciembre del 445 a. C.; 1:1); (2) referencias a lugares históricos confirmados por la investigación arqueológica (por ej., se sabe que Susa era una de las tres capitales del Imperio persa, además de ser residencia de primavera de los reyes persas; 1:1); y (3) identificar personajes históricos de la época (por ej., Artajerjes, rey de Persia; Sanbalat, de quien se sabe a través de los Papiros de Elefantina que fue gobernador de Samaria; 2:1,10).