Malaquías

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El nombre Malaquías significa «mi mensajero», y algunos estudiosos se han preguntado si es el verdadero nombre del profeta o un título. Por ejemplo, en 3:1, las palabras hebreas «mi mensajero» se escriben igual que el nombre Malaquías. Asimismo, las expresiones «mensajero es de Jehová de los ejércitos» (2:7) y «el ángel del pacto» (3:1) están también relacionadas con el nombre Malaquías. El énfasis del libro está decididamente en el mensaje y no en el mensajero, habida cuenta de que de los 55 vv. que componen el libro, 47 son mensajes dados por Dios personalmente. Una antigua tradición judía identifica a Malaquías con Esdras, pero no parece una hipótesis probable. Considerando que todos los demás escritos proféticos incluyen el nombre del profeta en el encabezado del libro, lo más lógico es aceptar que Malaquías es en verdad el nombre del profeta.

CONTEXTO HISTÓRICO DE MALAQUÍAS

Malaquías posiblemente escribió su libro en una fecha comprendida entre los años 500 y 400 a. C. La fecha más temprana coincide, aprox., con la caída de Edom (Esaú), acontecimiento al que Malaquías se refiere en tiempo pasado (1:2-4). La fecha tardía se ubica alrededor del tiempo en que Nehemías llegó al final de su ministerio y se escribió la última parte del A. T. Algunos de los temas presentes en Malaquías también fueron tratados por Esdras y Nehemías, lo cual llevaría a concluir que este posiblemente se escribió entre los años 450 y 400 a. C. Entre estos temas comunes, mencionaremos el problema de los matrimonios mixtos (Esd. 9–10; Neh. 10:30; 13:23-27; Mal. 2:11), la corrupción de los sacerdotes (Neh. 13:4-9; Mal. 1:6–2:9) y el incumplimiento del pueblo en el pago de los diezmos (Neh. 13:10-13; Mal. 3:5-10).

SIGNIFICADO DEL MENSAJE DE MALAQUÍAS

Malaquías contrapuso la fidelidad del Señor a la infidelidad de Israel. Dios siempre había amado a Israel, aún lo amaba, y siempre amaría a Su pueblo. A cambio de ese amor, Él esperaba recibir la honra que un padre espera de un hijo o el respeto que el amo espera del esclavo. Pero los israelitas no habían honrado a Dios, sino que habían participado en cultos que lo deshonraban y habían oprimido a sus hermanos israelitas. El Señor resolvería esta situación castigando a los culpables y bendiciendo a los que se arrepintieran. Él purificaría a Su pueblo, quitando de en medio a quienes persistieran en la desobediencia y asegurando la permanencia de un remanente fiel.


Si bien el sacrificio de animales y los diezmos son temas mucho más presentes en el A. T. que en el N. T., el principio de entregarle al Señor lo mejor que tenemos permanece vigente. Debemos honrar y respetar a Dios, hoy como ayer, y Él sigue esperando que aquellos que lo adoran se entreguen a Él por completo. El diezmo era una manera de expresar, a través de lo económico, el amor a Dios de todo corazón y el amor al prójimo como a uno mismo (Lv. 19:18; Dt. 6:4-9). También hoy, los creyentes deben reconocer que todo cuanto poseen les fue dado por Dios y que deben administrarlo como mayordomos responsables, preguntándole al Señor cuál es Su voluntad respecto de todo aquello que puso en sus manos.