Malaquías
CONTEXTO HISTÓRICO DE MALAQUÍAS
Malaquías posiblemente escribió su libro en una fecha comprendida entre los años 500 y 400 a. C. La fecha más temprana coincide, aprox., con la caída de Edom (Esaú), acontecimiento al que Malaquías se refiere en tiempo pasado (1:2-4). La fecha tardía se ubica alrededor del tiempo en que Nehemías llegó al final de su ministerio y se escribió la última parte del A. T. Algunos de los temas presentes en Malaquías también fueron tratados por Esdras y Nehemías, lo cual llevaría a concluir que este posiblemente se escribió entre los años 450 y 400 a. C. Entre estos temas comunes, mencionaremos el problema de los matrimonios mixtos (Esd. 9–10; Neh. 10:30; 13:23-27; Mal. 2:11), la corrupción de los sacerdotes (Neh. 13:4-9; Mal. 1:6–2:9) y el incumplimiento del pueblo en el pago de los diezmos (Neh. 13:10-13; Mal. 3:5-10).
SIGNIFICADO DEL MENSAJE DE MALAQUÍAS
Malaquías contrapuso la fidelidad del Señor a la infidelidad de Israel. Dios siempre había amado a Israel, aún lo amaba, y siempre amaría a Su pueblo. A cambio de ese amor, Él esperaba recibir la honra que un padre espera de un hijo o el respeto que el amo espera del esclavo. Pero los israelitas no habían honrado a Dios, sino que habían participado en cultos que lo deshonraban y habían oprimido a sus hermanos israelitas. El Señor resolvería esta situación castigando a los culpables y bendiciendo a los que se arrepintieran. Él purificaría a Su pueblo, quitando de en medio a quienes persistieran en la desobediencia y asegurando la permanencia de un remanente fiel.
Si bien el sacrificio de animales y los diezmos son temas mucho más presentes en el A. T. que en el N. T., el principio de entregarle al Señor lo mejor que tenemos permanece vigente. Debemos honrar y respetar a Dios, hoy como ayer, y Él sigue esperando que aquellos que lo adoran se entreguen a Él por completo. El diezmo era una manera de expresar, a través de lo económico, el amor a Dios de todo corazón y el amor al prójimo como a uno mismo (Lv. 19:18; Dt. 6:4-9). También hoy, los creyentes deben reconocer que todo cuanto poseen les fue dado por Dios y que deben administrarlo como mayordomos responsables, preguntándole al Señor cuál es Su voluntad respecto de todo aquello que puso en sus manos.