Lucas

Autor

Lucas ocupa un lugar único entre los Evangelios canónicos debido a características propias que lo definen, junto con el libro de Hechos, como una obra literaria cuyo autor tenía un propósito claro y explícito (ver la nota en Lc. 1:1-4). Pareciera que el autor no quiso que el Evangelio quedara limitado a lectores individuales o a las iglesias, sino que se propuso informar a un público lector más amplio sobre la vida, la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesús de Nazaret, fundador de una secta judía naciente, llamada cristianismo. El prólogo revela que el autor tenía conocimiento de la existencia de otras fuentes, tanto escritas como orales, con relatos sobre la vida y el ministerio de Jesús basados en el testimonio de testigos directos. Después de haberlas investigado cuidadosamente, el autor se propuso escribir su propia versión ordenada de los hechos a fin de que el lector conociera «la verdad de las cosas» en las cuales había sido instruido (1:4).


No hay razón para cuestionar la creencia tradicional de que Lucas, un compañero de viaje de Pablo (Hch. 16:10-16; 20:6–28:22; Col. 4:14; Flm. 24; 2 Ti. 4:11), es el autor de este Evangelio. Es improbable que una obra literaria grecorromana se hubiera publicado en forma anónima. Lo habitual era que se incluyera el nombre del autor, o bien directamente en el texto, o si no, en una etiqueta que se ataba al rollo o pergamino. Aunque el ms. más antiguo que se conoce con el título «Evangelio según Lucas» (un agregado posterior) data de fines del siglo ii, ya en el año 135 d. C., el hereje Marción había reconocido a Lucas como autor de la obra. Ya incluso a partir del 160 d. C. hay sólido testimonio de esta tradición en escritos de líderes cristianos. El canon de Muratori (una lista incompleta de los libros del N. T. que data aprox. del 180 d. C.) se refiere al autor del tercer Evangelio como «Lucas, el médico que, después de la ascensión de Cristo, y habiéndolo llevado Pablo como compañero de viaje, escribió él mismo [un Evangelio], basándose en la información que había recogido». No hubo en la iglesia primitiva, tradiciones controvertidas respecto de la autoría, como hubiera sido lógico suponer si el nombre de Lucas hubiera surgido a partir de conjeturas o suposiciones. Lucas es un personaje secundario en el N. T.; si hubieran existido dudas de que él fue autor del Evangelio y de Hechos, seguramente hubieran surgido otras tradiciones relativas a la identidad del autor de estos dos documentos fundamentales. Hay quienes niegan que Lucas sea el autor del tercer Evangelio y plantean tres posibles objeciones: (1) la descripción de Pablo en Hechos parece diferir de la imagen de Pablo que surge de las epístolas; (2) el uso de la primera persona plural en algunas secciones de Hechos (señal de que el autor viajaba con Pablo) podría ser un recurso literario o una estratagema; (3) el autor de los Hechos parece desconocer las cartas de Pablo.


En realidad, es más sencillo entender cada uno de estos puntos como elementos que respaldan la autoría consagrada por la tradición. Lo lógico sería que alguien que pretendía hacerse pasar por compañero de Pablo citara o mencionara sus cartas e hiciera coincidir su relato con los datos biográficos y teológicos recogidos en las epístolas, que fueron el principal medio a través del cual la siguiente generación llegó a conocer a Pablo. Un escrito que no tuviera estas características hubiera despertado sospechas en la iglesia primitiva, como han sugerido algunos eruditos bíblicos. Sin embargo, esto nunca ocurrió con Lucas ni con Hechos. Una argumentación similar se puede plantear respecto del uso de «nosotros»; si alguien pretendiera hacerse pasar por compañero de Pablo, ¿por qué habría de incluirse sólo en algunos momentos y no en la totalidad de la narración? Por el contrario, el uso ocasional de la primera persona del plural y la descripción de Pablo que se da en Hechos —perfectamente compatible con el Pablo de las cartas, aunque no surgida de ellas— concuerdan con un autor que, aunque conocía a Pablo y lo acompañó en algunos viajes, escribió su obra antes de que las epístolas paulinas se compilaran y alcanzaran estatus canónico.

 
Dado que la iglesia primitiva no concibió otra persona para ocupar este lugar que no fuera Lucas, creemos que la tradición debe considerarse fiable.

FECHA DE COMPOSICIÓN

La fecha de composición es tema de debate entre los eruditos bíblicos, y la búsqueda de la solución está estrechamente vinculada a la identidad del autor. La fecha más tardía para el Evangelio de Lucas se sitúa alrededor del 80 d. C., puesto que hay pruebas de que se lo usó a partir del año 95 y, además, en razón de que no hay referencias a las cartas de Pablo en el libro de Hechos. Por otra parte, es probable que el libro no se escribiera antes de fines del año 50, dado que todo parece indicar que Lucas se escribió poco antes que Hechos (Hch. 1:1), y el último hecho registrado en el libro ocurrió en el año 62 (el arresto de Pablo en Roma). La mayoría de los eruditos de la alta crítica sostienen que Lucas debió de escribirse después del año 70 d. C. debido a su inclusión de la profecía de Jesús sobre la caída de Jerusalén, ocurrida en ese año (Lc. 13:35; 19:43-44; 21:20,24). Sin embargo, además de que tal postura implica cuestionar la capacidad de Jesús de profetizar o incluso de predecir la destrucción de Jerusalén, el Evangelio describe la destrucción de la ciudad en términos generales, sin dar detalles. Cualquiera que hubiera registrado la profecía de Jesús sobre la destrucción de Jerusalén seguramente habría incluido detalles específicos si hubiera vivido tan terrible experiencia o habría hablado con testigos directos del hecho. 

Además se ha manejado la hipótesis de que Jesús pudo haber formulado Su predicción en esos términos basándose en precedentes del A. T. 

 

Además, resulta sorprendente que alguien como Lucas, que tanta información aportó en los Hechos sobre la iglesia de Jerusalén y cómo a partir de allí el Evangelio se extendió a los gentiles, hubiera omitido mencionar un acontecimiento de tal magnitud histórica y teológica como la destrucción del templo, o la persecución que previamente ordenó el emperador Nerón, o la muerte de Pedro y de Pablo ocurridas en ese mismo período. Parece mucho más probable que Lucas no mencionara ninguno de estos acontecimientos sencillamente porque aún no habían ocurrido. El libro de los Hechos finaliza con Pablo en prisión porque esa era la situación real cuando Lucas terminó de escribir su relato. Así, pues, lo más acertado en el caso del tercer Evangelio es asignarle una fecha anterior al año 62 d. C.

TEMAS

Lucas escribió como historiador y aclaró que conocía tanto las fuentes escritas (el Evangelio de Marcos parece haber sido una de ellas) como los relatos orales de testigos directos. Su Evangelio y los Hechos sobresalen por la cantidad de personajes identificados por nombre (por ej., Zacarías, Elisabet, María, Cleofas). Esto permite deducir que realizó una investigación cuidadosa y que llegó a entrevistar a testigos presenciales. Probablemente realizó su trabajo de investigación en Palestina, mientras aguardaba que se resolviera el caso de Pablo en Cesarea (Hch. 23:23–27:1).


Cada uno de los cuatro Evangelios destaca un aspecto diferente respecto de la trascendencia de la venida de Jesús de Nazaret, el Mesías de Israel. Lucas resalta el papel de Jesús como Salvador y define Su obra en términos de la salvación (2:11; 19:10). Si bien el autor remarcó que la vida y la obra de Jesús daban cumplimiento a las promesas hechas por Dios a Israel, un punto central en su Evangelio (y también en Hechos) es que Jesús vino a ofrecer la salvación no solo para los judíos sino también para los gentiles. A su vez, el amor al prójimo, expresado en solidaridad con los pobres y marginados, se presenta como una exigencia fundamental para el discipulado, tanto en Lucas como en Hechos. Otros temas que reciben especial consideración son el Espíritu Santo y la oración.