Isaías
LOS TEMAS TEOLÓGICOS
Dada la gran cantidad de importantes temas teológicos que Isaías abordó en su predicación, su mensaje se distingue claramente del resto de los profetas. Uno de los temas clave en Isaías es el llamado al pueblo a depositar su confianza en Dios. Durante el reinado de Uzías, Judá era rico y poderoso, y el pueblo se sintió tentado a confiar en el poderío económico y militar (2:7-8) en lugar de confiar en Dios. Años más tarde, durante los reinados de Acaz (caps. 7–11; comp. 2 Cr. 28) y de Ezequías (caps. 28–39; comp. 2 R. 18–19), el poderío de Judá había disminuido, y Asiria ejercía el dominio sobre todas las naciones del Cercano Oriente. En medio de esta situación, era tentador confiar en una alianza política con Asiria (2 Cr. 28), con Egipto (Is. 30:1-6; 31:1-9) o con Babilonia (39:1-8), en lugar de confiar en Dios. Así, pues, para animar a su audiencia a confiar en Él, Isaías escribió un himno proclamando que él confiaría en el Señor (12:1b-2). Tiempo después, el profeta tuvo oportunidad de demostrar esta confianza cuando el general asirio le cuestionó a Ezequías su confianza en Dios (36:7). A pesar de hallarse en una situación extremadamente difícil, Isaías y Ezequías se dirigieron al Señor para que Él los liberara (37:16-20); antes que rendirse, prefirieron depositar toda su confianza en Dios.
Este tema plantea una tensión con su polo opuesto: la tendencia de Israel y el resto de las naciones a rebelarse contra Dios y no confiar en Él. Desde el primer capítulo, el profeta presenta al pueblo de Dios como hijos rebeldes (1:2-4) que pecaron contra Jehová; no le ofrecieron sacrificios que fueran agradables (1:11-15), fueron infieles, homicidas, oprimieron al débil y rindieron culto a dioses paganos (1:21-23,29-31). Isaías enseñó que todo lo soberbio sería humillado, y todo lo enaltecido sería abatido, y que solo el Señor sería exaltado (2:9-17). La soberbia nos coloca bajo el juicio de Dios, por lo tanto, Isaías exhortó a sus lectores a humillarse delante de Él.
Dios quiere servidores fieles que lo exalten y obedezcan Sus preceptos. Acaz no estuvo dispuesto a inclinarse ante Dios y servirlo (7:1-13). Incluso a Ezequías, un rey justo, le resultó difícil entregarse por completo al Señor, sin buscar amparo en otras naciones (caps. 30–31). La razón para servir a Dios se funda en que Su soberanía se extiende a todo lo que ocurre en el mundo. Y los numerosos pasajes sobre ídolos de madera que ni hablan, ni caminan ni pueden predecir el futuro confirman que Dios es excelso sobre todos los demás dioses y naciones (44:6-20). Él es el primero y el postrero; no hay otro Dios fuera de Él (45:5-7,14,18,21); los dioses babilónicos serían incapaces de proteger al pueblo de Babilonia (46:1-11). Por su parte, los israelitas eran siervos ciegos que no obedecían a Dios (42:18-22), pero Él levantaría un Siervo fi el que establecería la justicia en la tierra (42:1-4; igual que el Mesías en 9:6-7) y sería puesto por luz y nuevo pacto a las naciones (42:6-7; 49:6-7). Este siervo sería insultado y padecería por los pecados de los demás (50:4-9; 53:1-9), cargaría con dichos pecados a fin de obtener perdón para muchos (53:5,10-12). En un futuro, mediante la gracia transformadora de Dios, Israel y las demás naciones, todos reunidos, adorarán a Dios y lo servirán con fidelidad (60:1-9; 65:1-16) en Su glorioso reino.
A lo largo del libro, se describe la rebeldía y la soberbia con que las naciones paganas se enfrentan a Dios (caps. 13–23); sin embargo, Isaías anuncia que llegará el día en que todas las naciones se reunirán en Sión para adorarlo (2:2-4; 14:1-13; 19:18-25); vendrán con ofrendas (60:4-14), y algunos incluso ofi ciarán como sacerdotes y levitas (66:18-20). Pero aquellas naciones que no se sometan a Dios y que no lo adoren sufrirán las terribles consecuencias la ira divina (34:1-15; 63:1-6), y en lugar de disfrutar de los cielos nuevos y la tierra nueva, soportarán el tormento de un lugar donde el fuego nunca se apaga, y el gusano nunca muere (66:22-24). Estos temas instruyen al lector sobre los caminos del Señor, animan a exaltar a Dios al alma que en Él confía y advierten al pecador que debe dejar de lado su orgullo y altivez. Dios ya estableció un plan para Su reino; ahora cada uno debe decidir a quién habrá de servir.
SIGNIFICADO DEL MENSAJE DE MALAQUÍAS
Malaquías contrapuso la fidelidad del Señor a la infidelidad de Israel. Dios siempre había amado a Israel, aún lo amaba, y siempre amaría a Su pueblo. A cambio de ese amor, Él esperaba recibir la honra que un padre espera de un hijo o el respeto que el amo espera del esclavo. Pero los israelitas no habían honrado a Dios, sino que habían participado en cultos que lo deshonraban y habían oprimido a sus hermanos israelitas. El Señor resolvería esta situación castigando a los culpables y bendiciendo a los que se arrepintieran. Él purificaría a Su pueblo, quitando de en medio a quienes persistieran en la desobediencia y asegurando la permanencia de un remanente fiel.
Si bien el sacrificio de animales y los diezmos son temas mucho más presentes en el A. T. que en el N. T., el principio de entregarle al Señor lo mejor que tenemos permanece vigente. Debemos honrar y respetar a Dios, hoy como ayer, y Él sigue esperando que aquellos que lo adoran se entreguen a Él por completo. El diezmo era una manera de expresar, a través de lo económico, el amor a Dios de todo corazón y el amor al prójimo como a uno mismo (Lv. 19:18; Dt. 6:4-9). También hoy, los creyentes deben reconocer que todo cuanto poseen les fue dado por Dios y que deben administrarlo como mayordomos responsables, preguntándole al Señor cuál es Su voluntad respecto de todo aquello que puso en sus manos.