FILIPENSES

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Filipenses es una de las epístolas paulinas con mayor contenido autobiográfico. El apóstol le escribe a una iglesia que él había fundado y a la cual amaba. En la carta, describe su situación en la cárcel y advierte a sus lectores sobre los riesgos de desviaciones teológicas que enfrenta la iglesia. El núcleo de la carta lo constituye la teología de la cruz, que entraña reiterados llamados a preservar la unidad de los cristianos y a servir con alegría.

 

Pablo tuvo varias razones para escribir esta carta. Por un lado, quiso agradecer a la iglesia la ayuda material que le habían hecho llegar. Los filipenses habían enviado a Epafrodito para que visitara a Pablo en la cárcel y, en repetidas ocasiones, le habían enviado dinero a Pablo para cubrir sus necesidades. Además, Pablo estaba preocupado por la unidad entre los cristianos. Tal vez, anticipaba y temía una posible división en la comunidad (4:2-3), y era consciente del daño que esto podría causar (1:12-19).

 

Son muy pocos los que cuestionan la autoría de Pablo. En el año 135 d. C., un obispo llamado Policarpo manifestó el convencimiento y la aceptación por parte de la iglesia de la autenticidad paulina de la carta. Además, el texto presenta las características propias de los escritos paulinos. Es más, el manuscrito más antiguo de Filipenses (el Papiro Chester Beatty P, una copia fechada aprox. 200 d. C.) presenta exactamente el mismo formato de la carta que hoy conocemos.

 

Si bien no hay dudas sobre el autor de la carta, los eruditos bíblicos continúan debatiendo sobre la fecha y el lugar de composición. (Cabe destacar que aunque ambos puntos poseen interés histórico, ninguno de ellos pone en riesgo la autenticidad de la carta). De acuerdo con la opinión tradicional, Filipenses se redactó en Roma entre los años 61–62 d. C.; no hay ningún dato que torne esta fecha inverosímil. Otras propuestas con respecto al lugar y a la fecha de redacción incluyen Éfeso (aprox. 55 d. C.) y Cesarea (aprox. 58 d. C.), aunque las pruebas que apoyan tales afirmaciones son escasas. En el texto de Filipenses, Pablo afirma que está prisionero (1:13-14), pero no hay prueba de que estuviera preso en Éfeso. Por otra parte, sabemos que sí estuvo preso en Cesarea (58–60 d. C.), pero, igual que en el caso anterior, la prueba que identifica esa prisión, como el lugar desde donde escribió la carta, es poco sólida. En última instancia, los argumentos a favor del lugar y la fecha de composición tradicionales resultan la mejor opción.

LA CREDIBILIDAD DE FILIPENSES

A pesar de la autenticidad paulina de la carta, se han planteado numerosos cuestionamientos respecto de su integridad textual: ¿se trata de un único documento, o de dos o tres documentos combinados? Los argumentos a favor de fuentes múltiples se basan, principalmente, en variaciones de estilo y supuestos cambios en el contenido. Por ejemplo, algunos eruditos bíblicos sostienen que la invectiva y el tono duro de 3:2–4:1 no concuerda con el estilo del resto de la carta y sugieren que quizá pertenece a otra carta que fue insertada en Filipenses.


Dos observaciones pueden ayudar a resolver el problema: en primer lugar, los opositores de Pablo negaban el evangelio y criticaban duramente su ministerio apostólico. En el pasaje mencionado, él responde con toda firmeza a sus ataques (ver 2 Co. 10–12). Segundo, Pablo no podía atender personalmente la situación de riesgo que se cernía sobre la iglesia, por lo tanto, escribe una carta franca que revela sus más íntimos pensamientos y su evaluación de la situación. Dando indicio de la clase de relación que lo unía con esta comunidad, Pablo instruye a los lectores de su carta apelando al ejemplo de su propio peregrinaje espiritual.


Otros eruditos bíblicos creen que el pasaje 4:10-20 es un agregado posterior porque consideran improbable que el autor esperase hasta el final de la carta para agradecer algo tan importante. Sin embargo, el lector contemporáneo debe ser cauteloso al extraer conclusiones de estilos de escritura del siglo i. Además, Pablo incluyó otras expresiones de gratitud antes de pasar al tema de las finanzas. El apóstol valoraba y les agradecía por igual toda clase de ayuda.


Pero los interrogantes respecto de la integridad textual de la carta plantean un problema más profundo: ¿acaso los eruditos bíblicos contemporáneos están en mejores condiciones que los primeros lectores para detectar supuestos cortes y añadidos en el texto? Teniendo en cuenta el extremo cuidado que caracterizó el proceso de copiado de los manuscritos de la Escritura, las teorías sobre la fragmentación literaria de los textos crea muchos más problemas que los que pretende resolver.