ESTER

AUTOR Y
FECHA DE COMPOSICIÓN

El libro de Ester es anónimo, pero la tradición judía se lo atribuye a Mardoqueo. Es una opinión verosímil puesto que este fue testigo directo o bien estuvo en contacto con todos los testigos directos de los hechos narrados en el libro. Como primer ministro del rey Asuero, pudo haber incluido su relato en los archivos oficiales de Persia (9:32; 10:2). El libro de Ester hace gala de un hebreo de estilo muy pulido: el autor sabe cómo mantener la tensión narrativa y demuestra gran habilidad en el manejo del argumento y los personajes.

 

El libro de Ester relata la historia del pueblo judío durante su exilio en Persia. Narra cómo el odio de un hombre hacia los judíos estuvo a punto de provocar el exterminio de ese pueblo en todo el Imperio persa. La historia transcurre durante el reinado de Asuero I (486–465 a. C.), que es el nombre hebreo del rey; su nombre griego fue Jerjes, y en persa, Jshayarshah. Los hechos relatados ocurrieron entre 483–473 a. C.

LA PRESENCIA DE DIOS EN EL LIBRO DE ESTER

Se ha cuestionado la inclusión de este libro en la Biblia debido a que nunca se menciona el nombre de Dios. Al parecer, esto preocupó tanto a quienes tradujeron la obra del hebreo al griego (siglo ii a. C.), que agregaron más de cien versículos con numerosas referencias a Dios. Los protestantes, sin embargo, aceptaron como Escritura hebrea únicamente el texto de los manuscritos hebreos.

 

Si bien la omisión del nombre de Dios es algo inusitado, el libro ofrece abundantes pruebas de una participación activa de Dios en cada acontecimiento. A decir verdad, no es imprescindible nombrar a Dios en forma explícita, puesto que el desenlace del libro es tan insólito que sólo se explica a partir del reconocimiento de una providencial y misteriosa intervención divina. Sin duda, es una buena estrategia para que un pueblo que quizá se siente abandonado por Dios descubra que Él de ninguna manera los ha olvidado, aunque permanezca oculto a sus ojos. La narración refleja el sentir del pueblo exiliado y los ayuda a ver que Dios obra en medio de su situación, así como obró a favor de estos otros exiliados, protagonistas del relato.

 

Además, los personajes dan clara muestra de creer en Dios. Por ejemplo, Mardoqueo y Ester se identifican como judíos, señal de que, al menos, pertenecían al pueblo del pacto (2:5-7). Mardoqueo rehusó postrarse delante de Amán, lo cual indica que conocía y respetaba la prohibición de postrarse ante alguien que no fuera Dios (3:2). La afirmación de que los judíos se guiaban por una ley diferente sugiere que guardaban la ley de Moisés (3:8). El pueblo hizo ayuno, una práctica habitual mientras se elevaban súplicas a Dios (4:3,16). Mardoqueo afirmó con total convencimiento que el pueblo judío no sería exterminado, dando muestras de la fortaleza de su confianza en la protección de Dios para Su pueblo (4:14). Zeres le dijo a Amán que si Mardoqueo era judío, su caída delante de él era segura, lo cual revela la clara visión de que una presencia poderosa protegía a los judíos (6:13).

 

Por último, el libro abunda en giros tan inesperados de los acontecimientos, que solo se los puede atribuir a una presencia poderosa que conducía los hilos de la historia: la reina Vasti fue sustituida, y Ester ocupó su lugar; Amán fue colgado en la misma horca que él había mandado construir para ejecutar a Mardoqueo; Zeres le aconsejó a Amán matar a Mardoqueo y luego le dijo que él iba a perecer; y finalmente, el pueblo judío venció a los enemigos que se habían propuesto destruirlo.

LA CREDIBILIDAD DEL LIBRO DE ESTER

Numerosos eruditos bíblicos ponen en duda el rigor histórico de los hechos porque no poseemos pruebas extrabíblicas de los personajes, sucesos ni costumbres descritas en el libro. Por consiguiente, estos estudiosos prefieren no incluir Ester dentro de la categoría de libro histórico. Algunos han propuesto considerar la obra como un relato sapiencial, un romance histórico, un relato sobre el origen de una festividad, una novela sobre la vida de los judíos en el exilio, una historia con moraleja, una crónica de la corte imperial de Persia y hasta una comedia al estilo de las comedias griegas.

 

Sin embargo, otro grupo igualmente numeroso no se muestra tan escéptico respecto de la historicidad del libro. Señalan, por ejemplo, que Vasti bien pudo ser el nombre hebreo de la reina Amestris, la cruel y obstinada esposa del rey Asuero en aquel momento. La grafía diferente se debe a la dificultad de pronunciar el nombre griego debido a la falta de ciertos sonidos vocálicos en hebreo. No hay duda de que la reina Vasti muestra un temperamento muy similar al de Amestris, la reina histórica. Además, la situación de Persia durante este período concuerda muy bien con la descripción de los hechos en el libro de Ester. Gracias al aporte de destacados historiadores griegos, como Herodoto y Ctesias, y a los archivos persas hallados en excavaciones arqueológicas, se ha podido reconstruir la historia de esta época sin recurrir a la información bíblica. Estos archivos permitieron a los investigadores reconstruir los acontecimientos en el siguiente orden cronológico:

 

Las revueltas en el Imperio hacia el final de la vida del rey Darío (Egipto, en 486–484 a. C., y Babilonia, en 484 a. C.) exigieron una respuesta contundente de su hijo, Asuero, en el 484 a. C. Una vez obtenida la victoria, Asuero organizó un banquete en Susa para aquellos que ocupaban posiciones de liderazgo en el reino, ya preparándose para la conquista de Grecia, según lo planificado. Esto coincide con el banquete de 1:5. Asuero fracasó en su intento de vencer a los griegos, algo confirmado por la derrota naval que sufrieron los persas en Salamina, en el 480 a. C. Regresó a Asia derrotado y se involucró en una serie de intrigas en su harén. La búsqueda de una nueva reina (cap. 2) concuerda perfectamente con esta época. (En las notas de estudio, se rebaten muchas otras supuestas inexactitudes históricas).

 

No hay duda de que el propósito del libro de Ester es que el lector crea que todo sucedió tal como está narrado. El autor ubica los hechos en el reinado de un rey particular, Asuero/Jerjes (1:1); establece fechas precisas (por ej., el «tercer año» del reinado de Asuero, 1:3; «…el mes décimo, que es el mes de Tebet, en el año séptimo…» del reinado de Asuero, 2:16; «En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año duodécimo del rey Asuero…», 3:7); y vincula la celebración de la fiesta de Purim con los acontecimientos del libro (9:26). Es difícil imaginar que el autor hubiera decidido inventar una historia para explicar el origen de Purim.

 

El erudito D. Clines ha señalado que numerosos datos sobre la vida en Persia descritos en Ester están confirmados por fuentes extrabíblicas. Entre los datos confirmados, mencionaremos: la extensión del Imperio, desde la India hasta Etiopía, bajo el reinado de Asuero (1:1); el consejo real integrado por siete príncipes (1:14); un eficiente servicio de correos (3:13; 8:10); la costumbre de escribir la crónica oficial de los acontecimientos, incluidos los datos de los defensores del rey (2:23); la horca como método de ejecución (2:23; 5:14; 7:10); la costumbre de reverenciar a reyes y nobles (3:2); la creencia de que había días favorables o propicios (3:7); colocar coronas en la cabeza de los caballos del rey (6:8) y la costumbre de comer reclinados sobre un lecho (7:8).

 

La datación del libro de Ester se hace difícil debido a las varias versiones de la historia. Disponemos de tres textos principales: el texto masorético (TM), en lengua hebrea, y dos textos griegos, la LXX y un mss. llamado «texto alternativo alfa» (AT, por sus siglas en inglés). Este último es una traducción griega de un antiguo texto hebreo; es un texto más breve que el TM, en el que se omiten varios episodios y el mandamiento final sobre la celebración de Purim. La LXX es una traducción del TM, con elementos adicionales. Es probable que el ms. AT corresponda a una versión antigua de la historia de Ester, anterior a la instauración de la fiesta de Purim. Una vez que esta celebración pasó a ocupar un lugar importante en la vida del pueblo judío, fue necesario explicar la relación entre la celebración y los hechos que la originaron, y así nació el TM.

 

Existe prueba textual para apoyar esta conjetura: Est. 9:20 explica que Mardoqueo puso por escrito todo lo ocurrido y envió cartas a los judíos ordenándoles celebrar Purim. Este texto podría corresponder al ms. AT. Lo que sigue a continuación de Est. 9:20 es la crónica de cómo se desarrollaron los hechos a partir de allí, y corresponde al TM. Es probable que poco después de la primera celebración (9:17; aprox. 473 a. C.), Mardoqueo haya puesto por escrito todo lo sucedido, por primera vez. Si permitimos un intervalo de una generación, como mínimo, antes de que la fiesta fuese plenamente aceptada por la comunidad judía, debemos suponer que el texto preservado por el TM debió escribirse poco después del 433 a. C.