ESDRAS

Autor

El libro de Esdras narra los primeros tiempos del regreso del pueblo judío a Judá, después de 70 años de cautiverio en Babilonia. La obra abarca el período comprendido entre los años 538 a. C. y 456 a. C., y consta de dos unidades principales. La primera comprende los caps. 1–6, donde se describe el regreso de los israelitas liderados por Sesbasar y Zorobabel y la reconstrucción del templo de Jerusalén. La segunda unidad comprende los caps. 7–10, y se la conoce como las Memorias de Esdras, porque el propio Esdras relata cómo desempeñó su función de sacerdote y escriba y cómo organizó la vida de la comunidad judía repatriada, de acuerdo con normas y principios bíblicos.

 

Dos aspectos de las Memorias de Esdras preocupan a algunos estudiosos; el primero es que en Esd. 10 la narración cambia de primera a tercera persona; el segundo es que aparentemente en Neh. 8–10 aparece otro segmento de dichas memorias. Sin embargo, aunque al lector contemporáneo le resulte extraño que alguien relate su propia historia en tercera persona, este criterio no es aplicable a las culturas del antiguo Cercano Oriente. Un buen ejemplo lo constituyen las inscripciones en el Cilindro de Ciro (una pieza arqueológica con declaraciones del rey Ciro de Persia), en las que se usa tanto la primera como la tercera persona, aun cuando se reconoce que todas son manifestaciones del rey.

 

Además, la inclusión de parte de las Memorias de Esdras en el libro de Nehemías contribuye a fortalecer la conexión entre uno y otro libro, y es un indicador más de que ambos conforman una unidad. Otra señal de unidad es Neh. 12, que muestra que Esdras estuvo presente durante la dedicación del muro.

 

La unidad de Esdras y Nehemías es tan evidente que suele nombrárselos como un solo libro: Esdras-Nehemías. La obra es fruto de un solo individuo que pudo ver, inspirado por el Espíritu Santo, la mano de Dios en medio de la restauración de la comunidad y decidió poner por escrito la historia de este resurgimiento, recurriendo a material de fuentes primarias para reafirmar la credibilidad de su obra.

 

Un estrecho vínculo literario une Esdras y Nehemías con los dos libros de Crónicas. Los últimos versículos de 2 Crónicas y los primeros versículos de Esdras son casi idénticos (comp. 2 Cr. 36:22-23 con Esd. 1:1-3). Los versículos reproducen el texto del edicto de Ciro que autoriza el regreso de los judíos después de 70 años de cautiverio, tal como lo había profetizado Jeremías (Jer. 25:11). Este vínculo literario se manifiesta en el papel de Esdras y Nehemías como continuación de la historia narrada en Crónicas. Las tres obras en su conjunto cubren la historia de Israel desde sus orígenes hasta el regreso del exilio.

 

La vinculación entre 2 Crónicas y Esdras, determinada según la repetición del decreto de Ciro en los dos libros, ha dado lugar a especulaciones respecto del autor de ambos. Hasta hace poco, la opinión más difundida sostenía que Crónicas y Esdras-Nehemías conformaban una obra en dos partes, escrita por una única persona. Según la tradición judía, esta persona sería el escriba Esdras. Sin embargo, un análisis posterior, más profundo, puso de manifiesto importantes diferencias ideológicas entre dichas obras. Estas diferencias llevaron a la mayoría de los eruditos bíblicos a sostener (y probablemente, esta sea la visión correcta) que Crónicas y Esdras-Nehemías pertenecen a autores diferentes.

 

Dado que la tradición judía le asigna un papel preponderante a Esdras en el surgimiento del judaísmo y lo reconoce como autor de Esdras y de Nehemías, es probable que la composición final sea obra del primero. No obstante, como parecería acertado afirmar que Crónicas y Esdras-Nehemías no pertenecen al mismo autor, y teniendo en cuenta la especulación sobre si Esdras es el autor de Crónicas, no es posible dar una respuesta definitiva sobre el autor de Esdras y de Nehemías.

FECHA DE REDACCIÓN

Se han propuesto varias fechas de composición para Esdras y Nehemías, desde el 400 a. C. hasta el 100 a. C. Esto se basa, en gran parte, en conjeturas sobre qué motivó la composición de los libros y la cantidad de revisiones a que se vieron sometidos. Indudablemente, gran parte del material (por ej., las Memorias de Esdras, las Memorias de Nehemías, el edicto de Ciro y el intercambio de cartas entre la corte real de Persia y Esdras) es anterior a la composición.

 

Sin una respuesta definitiva que resuelva la cuestión, debemos recurrir a claves que brinda el propio texto. En el 433 a. C., Nehemías seguía en plena actividad, de modo que debió de haber escrito sus memorias tiempo después. Esto permite sugerir el año 400 a. C. como probable fecha temprana de redacción final. Si Jadúa (Neh. 12:2) es la misma persona que el historiador judío Flavio Josefo (siglo i d. C.) identificó como sumo sacerdote en funciones cuando Alejandro Magno invadió Persia, entonces, esta persona debió de haber sido el último sumo sacerdote de la lista de Nehemías. Esto significaría que la composición final de Esdras-Nehemías fue posterior al 333 a. C. De todos modos, esta identificación es incierta; solo es útil para establecer cuál podría ser la fecha más tardía de redacción final.

LA CREDIBILIDAD DE ESDRAS

En Esdras, los anuncios oficiales del gobierno persa ocupan un lugar prominente (por ej., Esd. 1:1-5; 4:8-10,11-16,17-22; 5:6-17; 6:6-12; 7:11-26). Hasta no hace mucho, varios eruditos bíblicos cuestionaban la veracidad de estos textos, argumentando que el lenguaje, o era demasiado teológico, o no se ajustaba a las formas de la lengua persa. Sin embargo, estudios recientes acallaron estos cuestionamientos. El análisis de cartas de la comunidad judía en Elefantina, Egipto, revela que el tono teológico de los edictos reales se debe, probablemente, a los intercambios entre el rey y los integrantes de la comunidad judía, previo a la promulgación de los edictos. En otras palabras, el rey (o su escriba) usó un lenguaje comprensible para los destinatarios. Ahora se sabe que las cartas oficiales en el libro tienen un estilo similar al de otras cartas de aquel tiempo, con algunas variantes, según estuviesen dirigidas de un superior a un inferior, o viceversa.

 

Otro tema que ha concitado atención es el orden cronológico de Esdras y Nehemías. Algunos llegaron a la conclusión de que este llegó a Jerusalén antes que aquel, lo cual afecta significativamente la veracidad histórica de los libros, dado que estos claramente establecen que Esdras precedió a Nehemías. Quienes sostienen esta posición se basan principalmente en dos argumentos.

 

En primer lugar, se apoyan en supuestas pruebas arqueológicas. Algunos eruditos sostienen que, según la investigación arqueológica, la situación geopolítica durante el reinado de Artajerjes II (404–359 a. C.) era más propicia para el tipo de actividad desarrollada por Esdras. No hay dudas de que la situación con Egipto se había deteriorado considerablemente en la época de Artajerjes II y que, por lo tanto, a Persia le convenía fortalecer su relación con el territorio palestino, una suerte de «zona tapón», que lo separaba de su rival. Pero Egipto también se había sublevado alrededor del 459 a. C., y la revuelta no fue aplacada hasta el 454 a. C., de modo que es igualmente probable que Persia hubiera procurado mucho antes fortalecer la relación con esta provincia lejana.

 

Además, quienes adhieren a una fecha tardía deben eliminar del texto bíblico las dos instancias en las que Esdras aparece en Jerusalén junto a Nehemías (Neh. 8:1–10:39; 12:27-47), puesto que este fue gobernador desde el 445 a. C. hasta el 433 a. C. A pesar de discrepancias entre los eruditos respecto de la fecha de la misión de Nehemías, la mayoría acepta que llegó a Jerusalén en el año 20 del reinado de Artajerjes I (445 a. C.; Neh. 1:1; 2:1). Ahora bien, la primera aparición conjunta de Esdras y Nehemías se produjo antes de que se cumplieran dos meses de la llegada del último a Jerusalén; Nehemías dice que pasó tres días allí antes de instar al pueblo a reconstruir el muro (Neh. 2:11), y la reconstrucción llevó 52 días (Neh. 6:15). Por último, la dedicación, que contó con la presencia de Esdras, seguramente tuvo lugar poco tiempo después (Neh. 12:27-36). En cualquier caso, Nehemías relata que regresó a Babilonia en el año 32 del reinado de Artajerjes (433 a. C.), y no cabe duda de que la dedicación se hizo antes de su partida. La importancia atribuida a la presencia de Esdras en estos acontecimientos solo se justifica si se trataba de alguien que había participado activamente en la vida de Jerusalén desde tiempo atrás.

 

La segunda argumentación se basa en supuestas discrepancias entre los dos textos. Los eruditos de la alta crítica esgrimen los siguientes argumentos: (1) Jerusalén tenía mayor número de habitantes en tiempos de Esdras que durante la época de Nehemías (comp. Esd. 10:1 con Neh. 11:1); (2) durante la misión de Esdras, Johanán era sumo sacerdote, nieto ––según parece— de Eliasib, el sumo sacerdote en la época de Nehemías (Neh. 3:1,20); (3) Nehemías tuvo que nombrar a los mayordomos del templo (Neh. 13:13), en tanto que estos ya estaban en funciones en tiempos de Esdras (Esd. 8:33); (4) Esdras dio gracias a Dios por el muro en Judá y en Jerusalén, en tanto que a Nehemías se le reconoce el mérito de la construcción del muro de Jerusalén (Neh. 6:15).

 

Pero estos argumentos quedan invalidados por varias razones. Por ejemplo, Esd. 10:1 menciona una gran multitud de israelitas, pero no dice que todos fueran habitantes de Jerusalén. Es probable que el sacerdote Eliasib mencionado en Neh. 3:1 y 3:20 fuera Eliasib II, que fue sumo sacerdote en época posterior. Nehemías 13:13 no dice que no había mayordomos; el v. 10 se limita a señalar que los levitas y los cantores no habían recibido «sus porciones» del tesoro del templo. Nehemías declara que nombró hombres de confianza para garantizar que tal cosa no volviera a suceder; quizá solo se trató de reemplazar a los mayordomos anteriores porque no eran personas de fiar. Es probable que Esdras hablara de un muro en sentido figurado, es decir, utilizando la imagen para referirse a la protección de Dios, puesto que habla tanto de Judá como de Jerusalén, mientras que el muro de Nehemías, obviamente, se circunscribía a la ciudad de Jerusalén. Por consiguiente, los argumentos que se presentan para invertir el orden cronológico de la misión de Esdras y la de Nehemías no bastan para desestimar la cronología bíblica.