DEUTERONOMIO

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Deuteronomio es el quinto y último libro del Pentateuco, la colección de textos conocida como Torá en la tradición judía. Hasta el surgimiento del racionalismo (o Ilustración) en el siglo xviii, se reconocía a Moisés como autor del Pentateuco, y su composición se ubicaba en una época muy anterior a la monarquía en Israel. Pero durante los 250 años transcurridos desde el racionalismo ilustrado, los eruditos de la alta crítica llegaron a la conclusión de que Moisés tuvo escasa o ninguna participación en la redacción del Pentateuco, y que estos libros surgieron de la compilación de cuatro fuentes documentales correspondientes a los siglos x a v a. C. Esto se conoce como hipótesis documental o hipótesis de las cuatro fuentes, «JEDP». Un punto central de esta teoría es la presunción de que Deuteronomio (una fuente identificada como «D») fue un documento descubierto durante la reforma impulsada por Josías en el 622 a. C. (ver 2 R. 22:8), escrito poco tiempo antes de ser hallado, y que suponía la existencia de otras fuentes (J = Jehovista, y E = Elohísta), o bien, que precedió a la última de las cuatro fuentes (P = Sacerdotal, de Priestly en inglés).

 

Las antiguas tradiciones judías y cristianas unánimemente le atribuyen a Moisés la redacción de Deuteronomio. El propio libro así lo establece (Dt. 1:1; 4:44; 31:9,22; 33:4), como también el resto del A. T. (Jos. 1:7,13; 8:31-32; Jue. 3:4; 1 R. 2:3; 8:56; 2 R. 14:6; 23:25; 1 Cr. 15:15; 22:13; 2 Cr. 25:4; Esd. 3:2; 6:18; Neh. 1:7; Dn. 9:11,13; Mal. 4:4), el N. T. (Mt. 19:7-8; Mr. 7:10; Lc. 2:22; 16:29; Jn. 1:17; 7:19; Hch. 13:39; 15:1,5; 1 Co. 9:9; 2 Co. 3:15; He. 10:28) y diversos escritos de rabinos judíos (por ej., Baba Bathra 14b-15a). Un estudio detallado del libro revela un alto grado de coincidencia con el contexto histórico, geográfico y cultural del final de la Edad del Bronce (aprox. 1550–1200 a. C.). En cambio, hay pocos elementos que permitirían ubicarlo en el siglo vii a. C. o en una época más tardía. En síntesis, no existen razones objetivas para negar la autoría de Moisés. Solo el afán de defender una hipótesis que por sí misma no ofrece elementos de prueba internos ni externos puede explicar el rechazo del reconocimiento de Moisés como autor.

CONTEXTO HISTÓRICO Y GEOGRÁFICO

El propio A. T. ofrece información precisa sobre la composición de Deuteronomio, siempre que se acepten dos premisas fundamentales: (1) Moisés es el autor y (2) una fecha «temprana» para el éxodo. El primer punto ya fue desarrollado en párrafos anteriores. Con respecto al segundo, recordemos que la Biblia es el único registro histórico del acontecimiento del éxodo, y que solo dos textos bíblicos hacen referencia a la fecha. El primero es 1 R. 6:1, que dice que el éxodo tuvo lugar 480 años antes de que Salomón colocara los cimientos del templo, hecho que ocurrió en el 966 a. C., y cuya fecha es indiscutida. Por consiguiente, el éxodo se llevó a cabo en el 1446 a. C. El otro texto es Jue. 11:26, donde Jefté, un juez cuyo mandato comenzó alrededor del año 1100 a. C., afirma que los israelitas habían vivido en Transjordania durante 300 años. Esto sitúa su asentamiento en el 1400, unos 40 años después del éxodo. Todo ello concuerda con el hecho de que Israel peregrinó en la región de Sinaí durante 40 años después del éxodo (Dt. 1:3; 29:5). Por lo tanto, fechar la composición de Deuteronomio alrededor del 1400 a. C. es perfectamente compatible con toda esta evidencia.

 

El ambiente geográfico de Deuteronomio es el territorio al este del Río Jordán, frente a Jericó. En ese lugar, el terreno se eleva gradualmente desde la orilla del río hasta la falda de las colinas más bajas y continúa ascendiendo hasta la elevada meseta de Transjordania. Hacia el norte del Mar Muerto, el río recorre unos 30 km (20 millas) antes de estrecharse flanqueado por empinados barrancos a ambos lados. En esta extensión de aprox. 260 km2 (100 millas2) enmarcada por límites naturales, las tribus de Israel acamparon antes de cruzar el Jordán y entrar en Canaán. Durante esos meses, seguramente Moisés se dirigió al pueblo en numerosas ocasiones. Esos discursos, junto con otros materiales tanto orales como escritos, conformaron el Pentateuco. No es posible determinar cómo ni en qué orden se llevó a cabo el proceso, pero que Deuteronomio incluya el relato de la muerte de Moisés permite suponer que este fue el último documento escrito del Pentateuco (Dt. 34:1-8; comp. 31:16; 32:48-52; 33:1).

 

El libro presenta diversidad de géneros literarios y numerosas secciones independientes. Es indudable que estas secciones existieron por sí solas y finalmente fueron compiladas, lo cual dio forma a la composición actual. Esto no supone en modo alguno poner en duda la autoría de Moisés, dado que él pudo haber redactado las diversas unidades originales y luego haberlas compaginado en su forma presente. Es decir, Moisés fue el autor y el revisor.

LA CREDIBILIDAD DE DEUTERONOMIO

Además de las cuestiones sobre autor, fecha y lugar de origen, hay otros temas de Deuteronomio que concitan la atención de eruditos bíblicos. El primero tiene que ver con la estructura y forma de Deuteronomio como documento de la Alianza (o el pacto).


A partir de la década de 1950, se observaron semejanzas entre Deuteronomio y el texto de ciertos tratados hallados en archivos de los antiguos hititas (heteos). Aunque prácticamente no hay coincidencias en términos de contenido, la estructura de ambos documentos muestra una asombrosa similitud. Teniendo en cuenta que los textos hititas corresponden al Bronce Tardío (aprox. 1400–1200 a. C.), todo parece indicar que también Deuteronomio pertenece a este período.


Ahora bien, se han hallado otros ejemplos de tratados, particularmente de Asiria, siglo vii a. C., cuyo estilo y forma es semejante a Deuteronomio, excepto por dos aspectos importantes: (1) en su mayoría, carecen de prólogo histórico y (2) no incluyen la sección de la bendición. Ambas secciones están presentes tanto en Deuteronomio como en los documentos hititas, lo cual refuerza la evidencia a favor de la antigüedad del libro. El peso de la prueba para argumentar en defensa del siglo vii a. C. como fecha de composición sin duda corresponde a quienes adhieren a esa postura, y no a quienes aceptan la fecha tradicional.


Solo resta un tema importante de apologética con relación a Deuteronomio; el de los supuestos anacronismos. Por ejemplo, en Dt. 1:1 leemos que Moisés e Israel estaban «a este lado del Jordán» (be’er hayyarden). A simple vista, pareciera que el narrador estaba en territorio de Canaán, en la ribera oeste del Jordán, mirando hacia Transjordania, lo cual obligaría a descartar a Moisés como autor. Sin embargo, hasta hoy, los habitantes de esa región usan «Transjordania» para referirse al territorio al este del Jordán.


En Dt. 2:12 aparece otro ejemplo. El autor dice que los descendientes de Esaú habían expulsado a los horeos y se establecieron en su tierra, igual que los israelitas habían conquistado la tierra y expulsado a otros pueblos. Esto parecería dar ventaja a la postura que defiende una redacción posterior a la conquista y, por ende, posterior a la época de Moisés. Sin embargo, una lectura detenida de los relatos de la conquista de Transjordania pone fin a la discusión puesto que Moisés y su ejército efectivamente derrotaron y expulsaron a los reyes amorreos Sehón y Og antes de que esta afirmación se pusiera por escrito (Dt. 2:26–3:11).


El caso más famoso es el relato de la muerte de Moisés al final del libro (Dt. 34:5-12). ¿Acaso Moisés pudo haber escrito un texto que describiera su propia muerte y funeral? Por supuesto, existe la posibilidad de que el texto haya sido fruto de inspiración profética, pero una tradición judía antigua (Baba Bathra 14b-15a) y el sentido común proponen una alternativa mejor: otra persona completó la redacción del libro, muy probablemente, Josué. Esta pequeña concesión no menoscaba en modo alguno la postura de que Deuteronomio es mosaico en su conjunto y se remonta a fines del siglo xv a. C.