Daniel
LA CREDIBILIDAD DEL LIBRO DE DANIEL
Los eruditos de la alta crítica afirman que el lenguaje, la teología y la inclusión del libro en la sección de los Escritos en el canon hebreo, y no junto con los Profetas, sumado a la inexactitud histórica respecto de los acontecimientos anteriores al siglo ii a. C., exigen pensar en una fecha de composición posterior. Los evangélicos, por su parte, responden con los siguientes argumentos:
- La inclusión de Daniel en la sección de los Escritos no se debe a que la fecha de composición fue posterior ni a dudas sobre la vocación y aptitud profética del autor.
En Qumrán, el centro religioso donde se hallaron los Rollos del Mar Muerto, la profecía de Daniel ocupaba un lugar preponderante, y tanto la Septuaginta como Flavio Josefo (Contra Apión 1.8) incluyeron a Daniel entre los Profetas. Aparentemente, los encargados de fijar el canon hebreo no incluyeron el libro en la sección de los Profetas debido a que Daniel fue fundamentalmente un estadista, no un predicador del pueblo de Israel a la usanza de Isaías o Jeremías. - Los descubrimientos arqueológicos confirmaron en muchos casos la credibilidad del libro (por ej., la existencia de Belsasar).
Un análisis cuidadoso del texto muestra que las supuestas inexactitudes históricas no son tales, o bien, tienen una explicación lógica. - El hebreo de Daniel es compatible con la lengua del siglo vi a. C.
(tiene semejanza con el hebreo de Ezequiel), y sus pasajes en arameo presentan una similitud sorprendente con el arameo de los Papiros de Elefantina, también escritos en arameo imperial y fechados en el siglo v a. C. Por el contrario, el arameo de Daniel no concuerda con formas posteriores de la lengua halladas en Qumrán (por ej., el Apócrifo del Génesis). En las notas correspondientes a Dn. 3:2 y 3:5, analizaremos la afirmación de la crítica textual respecto de que los términos persas y griegos que emplea el autor hacen pensar en una fecha de composición posterior. - El argumento teológico es una de las pruebas más débiles para fechar libros bíblicos.
Si se puede determinar mediante criterios objetivos que la fecha de composición de Daniel es el siglo vi, entonces, se debe concluir que la teología, supuestamente tardía del libro (por ej., las enseñanzas sobre los ángeles, el Mesías y el fin de los tiempos) es una teología que ya existía en ese siglo.
Entre los argumentos a favor de la postura tradicional, mencionaremos:
- Los autores del N. T. y el propio Jesús aceptaron la lectura tradicional de la profecía (comp. Mt. 24:15 y Mr. 13:14; Mt. 26:64 y Mr. 14:62 y Lc. 22:69; He. 11:33-34).
- El libro expresamente identifica a Daniel como autor (ver 7:1; 12:4) y define su contenido con la crónica de un personaje histórico que vivió como exiliado en Babilonia y con la predicción de acontecimientos futuros (por ej., 2:29-45; 7:2,15-27; 8:15-26; 9:24-27; 10:14; 11:2–12:4).
- Uno de los ocho manuscritos de Daniel hallado en Qumrán (4QDanc) fue fechado alrededor del año 125 a. C., pero pudo haberse escrito antes. Algunos eruditos bíblicos argumentan que el libro de Daniel no pudo haber alcanzado una aceptación tan amplia y generalizada en apenas 40 años.
- La Septuaginta es una traducción del A. T. al griego realizada en Alejandría, Egipto. Esta versión tuvo gran difusión entre los judíos de la diáspora. Los eruditos bíblicos suelen concordar en que al menos el Pentateuco (los primeros cinco libros del A. T.) se tradujo a mediados del siglo iii a. C., pero es probable que todos los libros de la Biblia se hayan traducido al griego en forma más o menos simultánea, en cuyo caso, resulta imposible fechar el libro de Daniel en el siglo ii. Según el análisis de la crítica textual, apenas 30 años después de su composición, el libro habría sido incluido en el canon y enviado a Alejandría, distante unos 480 km (300 millas), para ser traducido al griego; una hipótesis que consideramos poco probable.
- Ezequiel, el profeta del siglo vi, mencionó tres veces a Daniel en su libro (Ez. 14:14,20; 28:3); a todas luces, una confirmación de la postura tradicional. Sin embargo, los eruditos de la alta crítica insisten en que Ezequiel se refería a «Danel», un héroe de la mitología de Ugarit mencionado en el antiguo poema épico la «Historia de Aqhat». Un argumento determinante en oposición a esta teoría es que el Danel del poema épico era idólatra, de modo que mal pudo ser un modelo de fidelidad al Dios de Israel. Ezequiel tuvo que haberse referido al autor del libro de Daniel, en cuyo caso, la historicidad de Daniel y de su libro parece quedar plenamente confirmada.
EL GÉNERO APOCALÍPTICO
Daniel (particularmente los caps. 7–12) es un ejemplo clásico de literatura apocalíptica. El término apocalíptico deriva de la palabra griega apokalupsis, que significa «revelación, manifestación». En este género, o estilo literario, un profeta recibe una revelación divina sobre acontecimientos futuros a través de un mediador. Es frecuente el uso de simbolismos y numerología. El tema central de la literatura apocalíptica es el triunfo del reino de Dios sobre los reinos de la tierra cuando llegue el fin de los tiempos.
Los eruditos de la alta crítica consideran la apocalíptica simplemente como un recurso literario que le permite a algunos autores expresar su teología de esperanza con respecto al futuro, y no como un testimonio de visiones sobre el futuro dadas por Dios.
Los eruditos evangélicos difieren entre sí respecto de interpretaciones particulares de los pasajes de contenido apocalíptico de Daniel, pero todos concuerdan en que la apocalíptica bíblica le permite al mundo acceder a una visión verdadera de Dios y del futuro.
Una peculiaridad del libro de Daniel es que está escrito en dos idiomas; Daniel 1:1–2:4a y 8:1–12:13 están en lengua hebrea, y Daniel 2:4b–7:28 está en lengua aramea. Los especialistas en crítica textual afirman que el uso del arameo ubica el texto en una fecha tardía (la época en que el arameo reemplazó al hebreo), pero no logran explicar de manera convincente por qué solo una parte del libro se escribió en arameo. El cap. 7, escrito en arameo, representa un serio problema para la crítica textual dado que pertenece al mismo género literario (visiones apocalípticas) que los caps. 8–12, escritos en hebreo. La propuesta más satisfactoria es que Daniel escribió en arameo (la lengua franca de la región en aquel tiempo) los textos de interés universal o particularmente significativos para los pueblos gentiles, y escribió en hebreo aquellos textos o secciones más directamente relacionados con el pueblo judío.
Ocho mss. del texto de Daniel se conservaron durante dos mil años en las cuevas de Qumrán. Las copias se realizaron entre el siglo iia. C. y el siglo i d. C. Los fragmentos hallados ponen de manifiesto no solo el valor que la comunidad de Qumrán le otorgaba al libro de Daniel, sino también la fidelidad con que se preservó el texto bíblico a través de los siglos.