Abdías
CONTEXTO HISTÓRICO DE ABDÍAS
A primera vista, el lector tiene la impresión de que Abdías presenta una cronología desordenada. Leemos que el profeta les advierte a los edomitas que no traicionen (tiempo futuro) a Judá (vv. 10-14), y a continuación de esta advertencia, anuncia el castigo que recibirá Edom (y otras naciones) por lo que le hicieron a Jerusalén. Ahora bien, ¿por qué habría de advertir a Edom que no cometiera determinados actos y, seguidamente, anunciar que ya lo había hecho? Una posibilidad es que Abdías hubiera escrito la advertencia antes de producirse el ataque y que, tiempo después, anunciara el castigo merecido. Sin embargo, lo más probable es que el profeta se expresara de este modo para lograr un efecto retórico. Abdías dio mayor realismo a su relato describiendo las injusticias de Edom contra Jerusalén como si él mismo se hallara en la escena, exigiendo a los edomitas que desistieran de su maldad. Por cierto, se trata de un conocido artificio literario presente en otros textos proféticos (ver Is. 14:29; Lm. 4:21; Os. 9:1; Am. 3:9; Miq. 7:8; Nah. 2:1).
¿En qué momento Edom traicionó a los habitantes de Jerusalén (vv. 13-14)? Hay dos respuestas posibles a este interrogante.
Una primera posibilidad es que Edom se hubiera sublevado contra Judá (2 R. 8:20-21; 2 Cr. 21:8-10) a mediados del siglo ix a. C. Tiempo después, los filisteos y los árabes invadieron Judá «… y tomaron todos los bienes que hallaron en la casa del rey, y a sus hijos y a sus mujeres; y no le quedó más hijo [a Joram] sino solamente Joacaz el menor de sus hijos» (2 Cr. 21:17). Sin embargo, a pesar de este ataque, Joacaz (Ocozías) ocupó el trono al morir su padre, y Judá permaneció independiente. El libro de Crónicas no menciona el papel de los edomitas durante este ataque.
Una segunda posibilidad es el momento de la invasión babilónica, al mando de Nabucodonosor en el 587 a. C. Esta invasión acabó en una catástrofe; los babilonios tomaron Jerusalén y quemaron el templo. Este pareciera el contexto más probable de los relatos de Abdías. Los edomitas tendrían que haber sido aliados de Judá (Jer. 27:1-11), pero se pusieron del lado del invasor (Sal. 137:7; Ez. 25:12; 35:15).
El libro de Abdías tiene gran semejanza con Jer. 49:7-16. Algunos piensan que esta similitud prueba que Jeremías conocía la obra de Abdías. Si así fuera, Abdías debió de escribirse antes del año 587 a. C. Históricamente, esto es improbable, puesto que no hay razones en Abdías ni en el resto del A. T. para suponer que los habitantes de Jerusalén supieron de antemano que los edomitas los traicionarían. Es difícil comparar dos textos relacionados, cuya fecha se desconoce, y determinar cuál se escribió primero. Teniendo en cuenta que algunos profetas de Israel (por ej., Elías y Eliseo) no pusieron sus mensajes por escrito, es posible que tanto Abdías como Jeremías se hubieran nutrido de una tradición anterior y luego, cada uno de ellos, hayan dado forma a su propia profecía, única y singular, inspirados por el Espíritu de Dios.
Tan vívida es la descripción de Abdías que probablemente haya escrito su mensaje poco después de la caída de Jerusalén. Además, predijo la caída futura de Edom, de modo que debió de escribir antes del siglo vi a. C., cuando Edom fue destruida. Considerando todas las pruebas presentadas, una fecha de composición probable para Abdías se ubica entre los años 585 y 550 a. C.
SIGNIFICADO E IMPORTANCIA DEL MENSAJE DE ABDÍAS
Edom representa a todos los que se oponen a los designios de Dios (comp. Jue. 5:4; Is. 63:1-6). En Abd. 15-21, cambia la perspectiva, y ya no se habla solo de Edom, sino de todas las naciones. La traición y la autosuficiencia de Edom la convirtieron en un ejemplo perfecto para Abdías; todo lo que el profeta dijo sobre esta también es válido para cualquier nación que se enfrente al Señor o a Su pueblo. La afirmación de la soberanía de Dios sobre todas las naciones se ve claramente a lo largo de todo el texto. El Señor reunió a las demás naciones contra Edom (v. 1), reprendió a Edom por su altivez (vv. 2-4), amenazó con quitarles toda esperanza de rescate (vv. 8-9) y prometió que llegaría un día en que todo volvería a estar en orden, y Judá e Israel recuperarían sus antiguos territorios (vv. 15-21).
Abdías, igual que muchos otros profetas, anticipó la instauración del reino mesiánico en la tierra, con el Monte Sión ocupando el centro. El pueblo de Israel, tanto las tribus del norte como las del sur, regresarían a su tierra y se unirían para recuperar su territorio con la ayuda divina. Luego, gobernarían sobre el resto de las naciones.
Mediante el contraste entre la suerte del pueblo de Dios y la de Sus enemigos, Abdías nos recuerda la gravedad del pecado de arrogancia, orgullo y traición. Dios siempre castigará al altivo y al orgulloso, y aquellos que traicionen a otros caerán víctimas de traición.
Abdías anunció, resueltamente, el triunfo final del bien, pero es el triunfo de la bondad de Dios, no de la bondad de la humanidad. Dios es la figura central a través de toda la obra de Abdías; Él establece las reglas, escoge a Su pueblo y puede castigar. Dios es el Señor de la historia. Sin duda, Aquel que gobierna las naciones también tiene poder para cuidar a Su pueblo.
