2 TESALONICENSES

Autor

Las dos cartas a la iglesia de Tesalónica se enviaron en nombre de Pablo, Silvano y Timoteo. Y la presencia del pronombre de primera persona plural («nosotros») a través del texto de ambas cartas pone de manifiesto que la inclusión de Silvano y Timoteo en el saludo inicial no fue una mera formalidad (comp. Filipenses). Sin embargo, el orden en que aparecen los nombres y el uso ocasional de la primera persona singular, «yo» (1 Ts. 2:18; 3:5; 5:27; 2 Ts. 2:5; 3:17) revela que Pablo fue el principal responsable del contenido de las cartas.


Mientras que la autenticidad paulina de 1 Tesalonicenses goza de muy amplia aceptación, exactamente lo opuesto ocurre con 2 Tesalonicenses. Gran parte de los eruditos bíblicos considera la carta una falsificación, escrita por un autor desconocido, entre 5 y 50 años después de la muerte de Pablo. Entre las razones que se arguyen para impugnar su autenticidad, mencionaremos las siguientes:


1. Segunda Tesalonicenses, tal como se alega, muestra una excesiva dependencia de 1 Tesalonicenses en términos de forma y estructura.

2. Pareciera que el vocabulario de 2 Tesalonicenses está excesivamente ligado al de 1 Tesalonicenses y muy alejado del resto de las cartas paulinas.

3. La primera carta tiene un tono amigable y cordial; en cambio, el tono de 2 Tesalonicenses es frío y distante.

4. Se aduce que existen diferencias teológicas significativas entre las dos cartas.


Estos argumentos no son sólidos ni convincentes. Con respecto a los puntos 1 y 2, si 2 Tesalonicenses es un escrito auténtico, estamos frente a dos documentos escritos por un mismo autor y con poca diferencia de tiempo, por lo tanto, es lógico que presenten semejanzas. Las diferencias señaladas en el punto 2, por su parte, son de dudoso valor. El punto 3 refleja una evaluación subjetiva; no es un argumento ni una razón; la pregunta clave es por qué se dice que las dos cartas son diferentes. Con relación al punto 4, la mayoría de los argumentos referidos a las diferencias implicarían desechar tanto la primera como la segunda carta, puesto que diferencias como estas también afloran al comparar otras cartas auténticamente paulinas.


A la inconsistencia de los argumentos presentados contra 2 Tesalonicenses se suma la incapacidad de la hipótesis de la falsificación de presentar una situación con credibilidad histórica que pueda explicar por qué alguien escribiría una carta falsa, cuál fue su relación con 1 Tesalonicenses y cómo llegó a ser aceptada e incorporada al corpus paulino. Sin duda, la autoría de Pablo sigue siendo la solución más factible.

TEMAS EN TESALONICENSES

Tesalónica, la ciudad más importante y populosa de Macedonia, poseía grandes riquezas fruto de una intensa actividad comercial, ya que se encontraba en la intersección de rutas mercantiles importantes. Con respecto a la vida religiosa, la religión y la filosofía griegas, y varias religiones egipcias y esotéricas contaban con muchos adeptos, y había, además, una comunidad judía que tenía su propia sinagoga (Hch. 17:1). Por su parte, las autoridades de la ciudad promovían el culto al emperador a fin de asegurar buenas relaciones con Roma, y el culto de Cabiru, un culto local que contribuía a fomentar la unidad cívica. El ataque a alguno de estos cultos se consideraba un ataque a la ciudad misma. En este contexto, la predicación del evangelio (que proclamaba la lealtad a Jesús como Rey y Señor) se equiparaba con el delito de traición.

 

En el año 49 d. C., Pablo, Silvano (Silas) y Timoteo llegaron a Tesalónica. La predicación de Pablo sobre Jesús, el Mesías, convocó a «algunos de ellos [los judíos]», algunos «griegos piadosos» (gentiles simpatizantes con el judaísmo que concurrían a la sinagoga, pero que no se habían convertido al judaísmo) y «mujeres nobles no pocas» (Hch. 17:2-4). Otros conversos provenían de religiones paganas (1 Ts. 1:9). Estos nuevos creyentes muy pronto debieron enfrentar toda suerte de hostilidades (1 Ts. 1:6; 2:14). La conversión de mujeres prominentes de la sociedad inevitablemente atrajo la atención de las autoridades civiles. Al poco tiempo, se presentaron cargos contra los recién convertidos, y Pablo, Silas y Timoteo no tuvieron otra alternativa que abandonar la ciudad por el bien de la nueva congregación.

 

Ante tal situación, a Pablo le preocupaban dos cosas: que la joven iglesia finalmente cediera ante las presiones y el clima de hostilidad, y que se hubiera malinterpretado su conducta, en detrimento del evangelio. Esto motivó que Pablo tratara de regresar rápidamente a Tesalónica, pero le resultó imposible (1 Ts. 2:18), de modo que envió a Timoteo para fortalecer y animar a la comunidad (1 Ts. 3:1-2). Cuando este volvió a reunirse con Pablo, a la sazón en Corinto, le dio muy buenas noticias: la congregación no sólo había permanecido firme y fiel, a pesar de la persecución, sino que además continuaba creciendo en fe y en amor (1 Ts. 3:6-7). Dentro de este marco, surge 1 Tesalonicenses.

 

Por el contrario, poco sabemos sobre el contexto de 2 Tesalonicenses. La similitud de lenguaje y estructura con la primera carta revela que la segunda se escribió poco tiempo después. La mejor pista que tenemos son los tres temas principales que Pablo abordó en la carta: (1) la persecución que sufría la iglesia (2 Ts. 1:3-12); (2) ideas equivocadas respecto de «el día del Señor» (2 Ts. 2:1-12), y (3) la conducta negativa de algunos miembros de la congregación (2 Ts. 3:6-15).

 

En conjunto, las dos cartas muestran que uno de los problemas fundamentales que enfrentó Pablo fue el proceso de resocialización de los creyentes, es decir, ayudarlos a incorporar el código ético y social radicalmente diferente, propio del cristianismo primitivo, y vivir una vida acorde.