Un conjunto de cartas destinadas a animar e instruir a los jóvenes líderes de las iglesias, conocidas como las epístolas o cartas pastorales, presentan a Pablo como autor en el saludo inicial, y la iglesia primitiva no dudó en atribuírselas al apóstol. De hecho, hasta el siglo xix, no habían surgido cuestionamientos serios al respecto. Los eruditos de la alta crítica que rechazaron la autoría paulina se basaron en los siguientes argumentos:
1. El vocabulario, la gramática y el estilo de las pastorales se diferencia de las demás cartas consideradas paulinas por opinión casi unánime.
2. La organización de la iglesia que reflejan las cartas pastorales remite a estructuras que existieron en época posterior.
3. Estas cartas combaten las enseñanzas del gnosticismo, surgido después del año 100 d. C.
Es posible rebatir con fundamento cada una de las objeciones de la alta crítica.
1. La participación de un secretario personal (posiblemente, Lucas), la incorporación de material anterior, la naturaleza personal de las cartas y la particularidad del tema tratado explican las diferencias lingüísticas.
2. La iglesia primitiva adoptó la estructura de liderazgo de la sinagoga, lo cual explica que tuviera un alto grado de organización desde el inicio (Hch. 6:1-6; 11:30). Además, la estructura de liderazgo descrita en las pastorales no presenta el mismo grado de desarrollo que encontramos en los escritos de los padres apostólicos hacia fines del siglo i.
3. Pablo combatió, básicamente, herejías originadas en el seno del judaísmo (1 Ti. 1:7; Tit. 1:10,14; 3:9); estas herejías contenían elementos de ascetismo, ordenaban la abstinencia (1 Ti. 4:3) y estaban influenciadas por la filosofía griega (2 Ti. 2:18).
Ninguna de las características de las enseñanzas que Pablo combatió impide fechar las cartas en vida de Pablo. En el presente, la opinión de los eruditos bíblicos se muestra cada vez más a favor de aceptar la autenticidad paulina de estas cartas.